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Justicia para Juan Carlos

Cuando los maltratados son ellos.

Desde que éramos novios me insultaba habitualmente, me gritaba, me chantajeaba, hasta me levantó la mano. Lo peor llegó cuando nos casamos y nació nuestro hijo, que amenazaba con quitarme. Qué tonto fui por no entenderla nunca. Siempre le daba lo que ella quería, pero cada detalle que le regalaba me lo tiraba a la cara y me decía que todo lo que yo hacía era una mierda. Me menospreciaba constantemente gritándome que no valía para nada. Todo lo que hacía le sentaba mal. Creo que hasta terminé creyéndome que todos los defectos que me sacaba eran reales. Nunca le conté a nadie mi cruz porque me daba vergüenza. En alguna ocasión me mordió y me lanzó algún plato. Echando cuentas, fue la agresión que menos me dolió durante los nueve años que compartí con ella. Seguí llorando a escondidas cuando me denunció por supuestos malos tratos. Se golpeó a sí misma y fingió una paliza un fin de semana que me tocaba disfrutar de mi hijo. Ya estábamos separados. Ese día estuve con ella, evidentemente, pero yo no la maltraté. Nadie me dejó hablar. Pasé tres días en el calabozo y tardé tres años en recuperar a mi niño, que ya había cumplido los cinco años y se le había olvidado de quién era yo, su padre. Demostré que la que maltrataba era ella a mí gracias a sus constantes contradicciones, no porque mi testimonio tuviera validez alguna. Ya he recuperado a mi hijo, ella ha pagado una multa sin pasar por la cárcel y yo siempre formaré parte de la negra lista de los maltratadores de España”.

 

Cuando se habla del maltratador es difícil imaginarse otro perfil distinto al del hombre, pero hay más de una española fichada como maltratadora en el Registro de Víctimas de Violencia Doméstica. Sin embargo, sólo las mujeres asesinadas en el entorno familiar son consideradas víctimas de la violencia de género. Los hombres no. Según el informe publicado por el Consejo General del Poder Judicial, el 25,6% de las víctimas mortales por violencia doméstica en 2008 eran hombres. En 2007, el porcentaje de hombres fallecidos era del 16,1%. Así, durante 2008 hubo un aumento del 9,5% en los homicidios sufridos por los hombres en el ámbito de la violencia doméstica y de género. La discriminación que la Ley Integral contra la violencia de género ejerce sobre los hombres ha levantado más de una voz en contra. ¿El afán de acabar con la violencia contra la mujer es injusto para el hombre? ¿Qué pasa si ellas comienzan a matar como ellos? ¿Se les castiga de la misma manera? ¿Por qué se limita el término "género" sólo al femenino?

 

A pesar de que son menos abundantes los casos de hombres maltratados por sus mujeres que viceversa, haberlos los hay y son los más problemáticos. Ellos, los maltratados, carecen de credibilidad, se ríen de ellos, no tienen casas de acogida y el 016 les cuelga porque sólo atienden a mujeres, las víctimas de la violencia de género. “Lo siento, no puedo ayudarle. Acuda al trabajador social de su hospital más cercano”, invita una dulce voz femenina cuando un maltratado busca su ayuda. Casi ninguno denuncia porque no tiene un ojo morado que lo justifique. Sus maltratos, casi siempre, son psicológicos: todo amenazas, imposible de demostrar.

 

La Ley contra la Violencia de Género, contra las cuerdas

 

María Poza, jueza titular del juzgado número 4 de Murcia, fue la primera persona que puso la Ley Integral contra la Violencia de Género contra las cuerdas. Poza consideraba que el hecho de que la ley imponga distintas penas en función de que el agresor sea hombre o mujer vulneraba tres artículos de la Constitución, entre ellos el principio de igualdad. Si un hombre agrede a una mujer y le provoca lesiones físicas o psíquicas, su condena oscila de dos a cinco años de prisión. Si la violenta es ella, el castigo es de seis a tres años de prisión. Si se denuncia una lesión leve, una amenaza o una coacción es delito de seis meses a un año si el demandado es un varón. Al contrario, ellas son castigadas con arresto de fin de semana o con una multa.

 

En contra de lo que se pueda pensar, estas situaciones de mujeres que maltratan a sus esposos no son tan escasas. En 2008, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha reconocido 121 víctimas por violencia doméstica y violencia de género. Pero, por la propia definición de ambos tipos de violencia, “no se conocen estadísticas de hombres muertos por sus ex parejas”, reconoce Mercedes Patón, fundadora y directora del despacho de abogados Patón & Asociados, el único que representa a hombres maltratados por mujeres. Refiriéndose a los mismos datos recogidos por el CGPJ, Patón añade las acusaciones falsas interpuestas por mujeres contra sus parejas. “El 90% de las demandas de mujeres hacia hombres no son acusaciones reales”, cree Patón. Los fiscales de Madrid también advirtieron de que ellos también han detectado falsas denuncias. “Lo que ella dice va a misa. Lo que él denuncia, va al archivo” ejemplifica Patón para hacer ver la desigualdad creada entre hombres y mujeres ante la ley. Con la ley de Violencia de Género, hay que pararse a reflexionar y preguntarse si la legislación, “que opta por un derecho desigual para la igualdad”, como ha defendido Jesús Caldera, ministro de Trabajo, no va a conseguir justamente lo contrario. “Se dirige únicamente y de forma explícita, a la protección de mujeres”, critica Jesús Arapiles, director de la oficina del defensor del Hombre y sus Hijos.

 

Ninguna institución ampara al hombre maltratado. Sí se ha montado alguna asociación, como www.hombresmaltratados.com. “No hay ninguna estadística fiable que cuantifique cuántas denuncias falsas ponen las mujeres contra sus maridos. Pero en la medida en que más mujeres toman consciencia de su posición de fuerza ante la ley, se aprovechan en mayor medida". Del Ministerio de Igualdad asegura que hay un clamor unánime para derogar la ley, porque es un "Ministerio de Desigualdad”, asegura Patón, quien insta a la Ministra Bibiana Aído a pasear por los juzgados para ver qué se denuncia. “Los hombres de este país están discriminados por el único hecho de ser hombres”. Ante el maltrato propone un castigo, “pero en igualdad de condiciones, sin distinguir entre sexos. ¿O los hombres maltratados no sufren violencia de género?”.

 

De la opresión total a la rebeldía extrema

 

Ningún experto discrepa que la mujer ha vivido oprimida durante demasiado tiempo. Pero se ha pasado “a la rebeldía extrema. ¿Qué generaciones estamos criando?”, se pregunta Patón. Que hay que cambiar la ley, no lo duda. “Pero, ¿quién se atreve a dar el primer paso para su derogación?”, deja en el aire. Miguel Ángel Gimeno, magistrado de la Audiencia Provincial de Barcelona no cree que se tenga que derogar la ley, pero “sí tendrá que ir modificándose poco a poco”. Insiste además en la necesidad de que haya una implicación social para avanzar en este terreno.

 

“La nueva ley atenta contra unos principios generales del Derecho, ya que los acusados tienen que demostrar su inocencia, cuando debería ser al contrario: los hombres somos presuntamente culpables hasta que se demuestre lo contrario”, incide Arapiles. No se discute la necesidad de erradicar la violencia contra la mujer, pero sí hay que referirse a situaciones de hecho: “Esta ley va en contra del artículo 14 de la Constitución, que dice expresamente que los españoles son iguales ante la ley sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo o religión”, dice Arapiles.

 

Los hombres que sufren agresiones siguen protegidos por el artículo 173.2 del Código Penal sobre la violencia doméstica, que se consideró obsoleta para los casos de mujeres maltratadas. “Desgraciadamente, estos hombres, que aparentemente siguen protegidos por el Código Penal, a efectos prácticos sufren la discriminación positiva de la nueva norma”, dice Patón. “El legislador decide cuál es la sanción que debe imponer. Se debería analizar caso a caso, y que la jurisdicción se ajustara al máximo”, pide Gimeno.

 

Arapiles denuncia en su propia página web las denuncias falsas que demasiadas mujeres ponen a sus ex maridos. Frases como “mujer: hunde a tu ex. Sácale la casa y casi todo su dinero, quítale los hijos y encarcélale” intentan contar, satíricamente, la desigualdad que sufren los hombres ante las mujeres. Con el impulso de la ley, lo único que parece claro es que, si hablamos de personas maltratadas por sus parejas, ni ellas son tantas, ni ellos tan pocos.

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